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viernes, 14 de enero de 2011

Publicidad Engañosa






Es una estafa. Así de claro. Nos sentimos engañados, defraudados, pasados a llevar. Nos dirían que nos tomaron el pelo, que se rieron en nuestra cara y nosotros "pisamos el palito". Entonces al darnos cuenta del engaño, viene la reacción: la rabia.
Y luego viene el tratar de canalizar esa rabia y sale el reclamo del consumidor, pedir por los derechos y buscar que alguien haga justicia. Que se repare en algo el haber salido de cierta forma perjudicado.
La mayoría reacciona de esta forma. Y lo gritamos a los cuatro vientos, claro advirtiendo al resto para que no caigan en esa publicidad engañosa. Se mandan emails, se buscan a otros que les haya pasado lo mismo, casi en una alianza solidaria contra el producto defectuoso, o el mal servicio entregado.
Nos sabemos hasta el pie de la letra todo sobre nuestros derechos como consumidores. Si hasta existe el SERNAC ( Servicio Nacional del Consumidor). Una oficina con nombre y apellido, con abogados, con director , con secretarias y ejecutivos que ayudan a buscar alguna solución ante nuestro problema. Y hay penalizaciones y todo.
Pero que sucede cuando esa estafa, esa falsa publicidad viene de una persona. Cuando se muestra de una forma, aparenta y al cabo del tiempo saca sus garritas, o la piel de oveja, la máscara y nos damos cuenta qué se escondía realmente?
A quién reclamamos?... pues nada. A nosotros mismos. Por no haber sido capaces de detectar el engaño. Pero que impotencia y que rabia se puede llegar a sentir.
Y después de mandar al sujeto a la China, a la punta del cerro y no querer saber nada más de él o ella.. (también he recibido comentarios de hombres que se quejan de esta publicidad engañosa), uno tiene que sacar las antenas propias, darles un pulido, una revisión , volver a ponerlas y esperar que empiecen a funcionar correctamente para no tener que volver a caer por una decepción. Hay envoltorios fantásticos, etiquetas maravillosas, pero el contenido real... deja mucho que desear.