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miércoles, 3 de noviembre de 2010

el dentista



Hoy después del desayuno, y cuando los niños se lavaban los dientes, noté una pequeña mancha parda en uno de los dientes del más chico. En un segundo se me pasó por la cabeza, el tema de las caries, de controlar los dulces, de mandar mas veces a que se lave los dientes, incluso me acordé del comercial del enjuague bucal de color azul que tiñe aquella suciedad que no fue eliminada por el cepillo de dientes... pero lo único que salió por la boca fue.. aaah!! no!.. vamos a tener que ir al dentista!
por la cara de terror de mi hijo, supe que el asunto para él se había vuelto casi de película de espanto, y recordé la de veces que he tenido que ir con él y aplicar la sicología del mundo para que entre.
Ahora me río a solas mientras escribo, pero nunca voy a olvidar aquella vez en que lo acompañé y mientras me hicieron esperar afuera, para "no ponerlo más nervioso", llegaba una niñita con su mamá a la misma salita en que yo me encontraba.
- Mamá , no duele, verdad?
- no, linda, no duele nada. Te van a mirar la boca y ya está.. decía la mamá tranquilizando a la pequeñita.. cuando justo se escucha un grito de tortura increíble saliendo desde lo más profundo....
y un NOOOOOOOO!!, no más!!!
- Era mi hijo-
inmediatamente salió la auxiliar y me llamó
alcancé a ver la cara descompuesta de madre e hija que iban por primera vez al dentista y yo casi en puntillas entraba a la consulta para ver que había causado tal grito.
Veo a la dentista con cara de agotamiento y paciencia frustrada, y a mi hijo hecho un ovillo en el sillón... con una lágrima corriendo por la mejilla.
- Intentaba ponerle la anestesia.. me explica la mujer.
Discurso comprensivo, promesas, etc, etc. al final aceptó a regañadientes seguir el tratamiento y que le taparan una carie.
Al salir con él de la mano, miré de reojo la salita... no había nadie.
No sé si la niñita escapó o habían entrado ya a otra consulta. El caso es que me quedó claro que mi hijo son de aquellos que el dentista no le hace ninguna gracia.
Y ahora, a buscar el número de teléfono de la consulta.. y preparar ánimos para la próxima visita al dentista.

martes, 14 de septiembre de 2010

caminos...



Acabo de leer tus palabras sobre la pena y cómo a veces un sollozo deja escapar una acumulación de tristezas. Me he quedado pensando sobre este punto, porque me parece que somos las mujeres quienes más fácil lagrimeo tenemos. Es como si bastase una gotita que se asome por el ojo, para que una seguidilla de ellas, casi de forma incontenible, apareciese.
Y no sólo de dolor, porque ocasiones para emocionarse parecieran que no faltasen, desde grandes alegrías, hasta cosas sencillas que a una la descolocan como ver a un hijo salirte con una ternura extrema.
Y hay días también. Porque será que a veces nos levantamos con la sensibilidad a flor de piel?
Ayer tuve uno de esos días. Empecé mi mañana feliz con trote incluido por la playa. Sol radiante, día espectacular hasta que una llamada me descompuso el ánimo. Palabras , supongo bien intencionadas, pero que al cortar me dejó una sensación de pena terrible... nuevamente traté de sacudirme esas ideas que van envenenando los pensamientos y tirarlos lejos... pero el dardo deja, pese a haberlo quitado, su pequeña marca.
En la tarde, más animada tuve que ir a entrevistar a una señora que me cautivó por su alegría, por su buena disposición ante la vida y ante los imprevistos. Hablamos casi tres horas. En una parte, me habló de su marido, quien falleció hace algún tiempo, sus ojos brillaban. 48 años de matrimonio. Me contó como se conocieron, del noviazgo, de los primeros años.. de toda su vida frente a un hombre que amó con todo. De cómo él la cuidaba, la protegía, la ayudaba en sus propias decisiones, y le daba ánimos para emprender nuevos proyectos... y te prometo que con esa sensibilidad en la que andaba, tuve que hacer un esfuerzo por no llorar. Pero de emoción. Con los tiempos que corren, en que las relaciones se vuelven tan efímeras, en que está lo desechable, en que a veces la comodidad no hace tomar decisiones duraderas o de mayor profundidad, es un gusto descubrir que existen personas que cumplen con eso de "contigo con pan y cebolla" y duran toda una vida.
Cómo me gustaría saber que de mí alguien alguna vez hablara con tanto cariño, con tanta ternura y amor que eso se desbordara por los ojos y la piel. Como me gustaría poder tener esa certeza, y poder estar tranquila y hablar del hombre que sé que me acompañará hasta que las canas y el peso de la edad se acumulen en nuestros cuerpos.
A veces no son tazas, ni platos, ni vasos rotos los que despiertan el dolor Marisol. Son las ilusiones rotas que vuelven del pasado y hacen añorar a veces la vida que una esperó tener.
Pero los imprevistos, una palabra que hace un tiempo he aprendido a conocer,están ahí, porque alguna enseñanza trae en el camino. Hay algo más grande que uno tiene que aprender, que valorar, que crecer. Y hay veces que esos sollozos despiertan la conciencia, despiertan la realidad que una , casi como avestruz, se negaba a ver.
Cuidate de los dardos envenenados... son dañinos, pese a que una se lo arranque con fuerza y ocupe todos los antídotos del mundo, porque el pinchazo duele. La sabiduría, consiste en no dejar que ese dolor nuble la vista... y el corazón.

martes, 6 de julio de 2010

Otra perspectiva



Me has dejado pensativa. Quizás porque recordé mi propia experiencia. Cómo bien dices es difícil recuperar confianzas una vez que éstas se rompen en un estallido de dolor y desilusión. Las mentiras por muy pequeñas que puedan parecer a quién las dice, incluso las llamadas "mentiras blancas" se van convirtiendo en un arma de doble filo, ya que acostumbra a quien las dice en tomarlas a la ligera.
Siempre he pensado que si alguien miente en lo pequeño, ¿qué más queda para lo realmente importante o más grave?
A veces no es la mentira sino simplemente la omisión de ciertos hechos. Simplemente no decir nada, no contar, callar. Y ahí también se rompe la confianza porque no se transmiten cosas al otro por temor, por no pasar un mal momento, porque no se le da la importancia necesaria.
Así las desiluciones al enfrentar la dura verdad se vuelve una mezcla de mentiras y omisiones.
He pensado en tu amiga y en muchas otras amigas que han tenido la dura experiencia de ver en un segundo como el mundo que tenían se desmorona de golpe. Y cómo además se enfrentan al momento de atar cabos sueltos. Es una locura. Tener que entender y agarrar la realidad y además preguntarse mil veces por qué.
Es un proceso duro, pero que todas sabemos finalmente pasa. Lo difícil es cuanto tarda en pasar.
Sin embargo, y aunque cueste, a veces es sano ponerse otra pregunta. ¿Qué bueno me puede traer esto en mi vida? Puede que suene horroroso la primera vez que uno se lo plantea , especialmente cuando los hechos son tan recientes... pero es el primer paso para ir dando vuelta la página.
Han pasado tantos años desde aquel episodio en que te pusiste a mi lado como un roble, que puedo decir, al menos desde mi experiencia, que ahora me siento más grande y plena después de lo vivido.
Tuve que pasar una experiencia dolorosa para crecer. Para plantarse ante la vida con otra actitud. Sirven mucho las amistades reales y sinceras como apoyo al principio, pero sobre todo sirve el una misma darse las fuerzas para seguir adelante.
Intuyo levemente lo que está pasando tu amiga. Pero el error no fue de ella al confiar, al querer, al amar. Eso es lo justo cuando se está compartiendo un camino con alguien. El error fue del otro al no responder a esa confianza al ocultar y mentir, al no ser sincero con esa relación. Saldrá más perjudicado a la larga quien obra de mala manera, que quién actúo con el corazón lleno.
Es verdad la vida te da sorpresas, te da imprevistos, pero una vez que caen, hay que sacarles la mejor parte, aunque a veces sea un agrio limón.